entre álamos marchitos,
a solas con su sombra y su locura
va el loco, hablando a gritos.
El loco vocifera
a solas con su sombra y su quimera.
Es horrible y grotesta su figura;
flaco, sucio, maltrecho y mal rapado,
ojos de calentura
iluminan su rostro demacrado.
Huye de la ciudad... Pobres maldades,
misérrimas virtudes y quehaceres
de chulos aburridos, y ruindades
de ociosos mercaderes.
Huye de la ciudad. ¡El tedio urbano!
—¡carne triste y espíritu villano!—.
No fue por una trágica amargura
esta alma errante desgajada y rota;
purga un pecado ajeno: la cordura,
la terrible cordura del idiota.
(De "Un loco", de Antonio Machado)
Yo soy la locura
La que sólo infundo
Placer, placer y dulzura
Y contento al mundo
Placer, placer y dulzura
Y contento al mundo
Sirven a mi nombre
Todos mucho o poco
Pero, no no hay hombre
Que piense - que es loco
Pero, no no hay hombre
Que se crea que es loco
Mi hermana cordura
se piensa decente
pero es a su sombra
que sufre la gente
pero es a su sombra
que sufre la gente
se luchan las guerras
se esparce la peste
y sobre la tierra
campea la muerte
y sobre la tierra
campea la muerte
Yo soy la locura
Quién va por mi rumbo
Se va, con la luna
Reniega del mundo
Se va, se va con la luna
Reniega del mundo
Yo soy la locura
La que sólo infundo
Placer, placer y dulzura
Y contento al mundo
Placer, placer y dulzura
Y contento al mundo
Por los campos de Dios el loco avanza.
Tras la tierra esquelética y sequiza
-rojo de herrumbre y pardo de ceniza-
hay un sueño de lirio en lontananza.
Quien lleva mi carga
su peso no siente
porque allá en la luna
le flota la mente
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